Discurso dobre Altas Capacidades (desde el punto de vista emocional)

Dic072012
Escrito por Albie
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Un discurso que di en el Hospital General de Tomelloso el 30/11/12

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Para introducirles en el tema que nos atañe; empezar poniendo de manifiesto que emocionalmente los niños de altas capacidades y los niños que no las poseen, no se desarrollan de la misma forma. Estamos marcados por el ámbito social. Este hecho nos otorga un perfil psicológico, que aplicamos a la inteligencia y al proceso de las relaciones sociales y personales. Si tuviera que poner algún ejemplo de este canon, tendría bastante claro que decir: poseemos una gran sensibilidad, una creatividad sin precedentes; puesto que nos hemos visto en situaciones sociales tan injustas, deseamos una justicia social y la igualdad; tenemos un miedo atroz al fracaso… y ustedes pensarán que todo el mundo lo tiene, pero el nuestro es visceral: y viene de ese perfeccionismo y temprano desarrollo de lo que en psicología llaman Locus de Control –el saber el rumbo que deseas que tome tu vida-, aunque este último caso no ocurre siempre.

Yo soy sencillamente una de esas personas a las que el pensamiento les va un poco más deprisa que a otras, y que tiene ideas divergentes que se escapan por todas partes.

Esto, y que siempre haya tenido más curiosidad por el mundo que me rodea que el resto de los niños, ha provocado que haya sido incapaz de integrarme en mi grupo de iguales. Y bueno, si se dan cuenta, el lenguaje que utilizo no es solo el que uso para esta exposición; también hablo así en casa, en el colegio… En fin, nunca me expresé como una niña de mi edad, y mientras que los adultos me veían como alguien más maduro, los niños ya tenían una predisposición al rechazo porque era diferente. A ustedes que son profesionales, y sienten predilección hacia las estadísticas y los datos, les pondré un ejemplo: para mí era como si un noventa y siete por ciento del resto de mi mundo fueran los niños que no me aceptaban –porque cuando eres pequeña, tiendes a ver los problemas más grandes-, un dos por ciento los profesores del colegio que hablaban conmigo y decían cosas que me interesaban, el uno por ciento restante, el resto de la gente.

¿Saben?, aunque seas muy listo, necesitamos que alguien nos quiera, y yo tuve la suerte de tener a alguien a mi lado que siempre me quiso y me apoyó, aunque me quejase de que la gente fuera siempre igual de problemática y aburrida.

Aun todavía tengo problemas para la socialización, y tengo que adaptarme al grupo de forma muy lenta. Es realmente difícil cuando vives las relaciones sociales con una inteligencia no emocional hasta que surgen los sentimientos y finalmente te vas acercando a la amistad.

A mí me ha ocurrido esto porque tener muy desarrollada mi inteligencia me ha causado el rechazo de las personas a las que me he querido acercar por todos los medios. Recuerdo que en el colegio había un grupo de chicas con el que todo el mundo quería juntarse, y ellas dejaban que todas las chicas las siguieran aunque fuera solo para comerse el almuerzo, pero cada vez que yo me acercaba y trataba de entablar conversación con alguien, dos de ellas me apartaban y me llevaban lejos, y me decían que no volviera porque no querían tener nada que ver con alguien como yo. Me sentía tan repulsiva y sola; dolida y rabiosa… solo quería tirar mi almuerzo a la basura e ir a esconderme a algún roncón muy oscuro donde nadie me viera y desaparecer. Me decía a mi misma que al mundo no le importaría si yo no existiera. Yo no había pedido venir al mundo; y además, si me rechazaban de aquella forma, es que tenía que haber algo mal en mí. Traté de acercarme más veces: aprendí bromas, intenté ser más sociable con las personas que me hablaban más y volví a acercarme; incluso jugaba al fútbol con los chicos. Pero no funcionaba.

Solo ahora de mayor he logrado descubrir cómo me siento cuando me apoyan en mis proyectos y en mis ideas. Puedo hablar de lo que quiera, porque ahora no voy a primaria, ni tengo miedo de que en el instituto alguien mayor se meta conmigo. He aprendido a ser independiente e incluso puedo ayudar a otras personas a conocerse a sí mismas gracias a mi experiencia. De hecho, estuve en un lugar llamado Campus Promete, en la UEM*, donde niños con AC, con cientos de historias como la mía desarrollaban su inteligencia de forma que lograban proponerse un Proyecto Personal y, al mismo tiempo colaborar y conocerse mutuamente. He logrado abrir mi mente y entender la de estos niños. Cuando logramos desarrollar nuestros dones en un ambiente libre, donde hay gente que puede darnos una educación acorde con nuestras capacidades, es cuando nos sentimos bien. Allí, aunque no tuve un solo momento libre, me tenía que levantar temprano y los proyectos y clases en la universidad ocupaban todo mi tiempo, me sentía bien, porque estaba aprendiendo y manteniendo mi mente activa de la forma en la que debería hacerlo durante mi curso lectivo normal. Allí no me sentí pequeñita ni quería esconderme: me sentí capaz de todo, capaz de escribir miles de páginas, de estudiar todo lo que pusieran por delante y de retener la información de todos los textos.


Pero quizá, con todo, nos encontremos con el problema de las etiquetas. Si le hablas a alguien de un Altas Capacidades, te responderá que no tiene ni idea de qué es eso. Si le hablas de un superdotado, te lo relacionará directamente con el Síndrome del Sabio. Las etiquetas nos predisponen a unos prejuicios que pueden beneficiarnos a la hora de someternos a una serie de pruebas intelectuales en las universidades o psicológicas, porque si el que nos hace las pruebas sabe del tema, sabrá que los AC tenemos un perfil similar y sabrá cómo tratar con nosotros; sin embargo, a mí personalmente me molesta que la gente piensa que por el hecho de tener, digamos, unas capacidades superiores en algunos campos, quieran que les demuestre en todo momento que soy superior y que cuando fallo me miren con cara de :’’¿y tu eres ‘’superdotada’’? Por eso, en mi opinión no hay que dejar que los niños sepan desde el primer momento lo que son. Sí: hay que hacerles los tests y asegurarles una educación adecuada a sus capacidades, porque si no se frustrarán y comenzarán a mostrar signos tal y como la hiperactividad. Pero no hay que dejar que los demás los juzguen demasiado pronto, porque pueden crear esos prejuicios de los que he hablado en los demás.


Entiendo que en algunos momentos podamos generar rechazo hacia los demás: nos vean con una pantalla de prepotencia, mandones, sabelotodos… Pero nos gustaría que estas características fueran entendidas por el resto de las personas y que educadores, sanitarios y otros profesionales entendiesen que se pueden producir estas manifestaciones; y que ustedes hicieran un esfuerzo por integrarlas dentro del entorno social y educativo para que nos vean como niños al mismo nivel elemental: esencial, que el resto de las personas.

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